miércoles, 2 de junio de 2010

Arbeit Macht Frei


El frió les helaba hasta el espíritu, veían como su aliento se congelaba y se convertía en una especie de humo blanco que tornaba aun más desagradable aquella incierta situación.

Poco entendían para que los llevaban hacia aquel remoto y silencioso lugar. Al acercarse pudieron divisar esos complejos, formados por distintos campos.

Algunos especulaban con la idea de conseguir allí un buen trabajo, apacible, placentero, digno de toda especie, otros esperaban ser liberados del estilo de vida que llevaban y ser trasladados a algún lugar donde reinara la libertad. Sin embargo otros pensaban particularmente en la posibilidad de estar siendo llevados a su destino final, ese destino que para ellos sería una nueva tortura, la peor. Si bien sólo unos pocos permitían a su mente expresar semejante tragedia, en el subconsciente de todos acechaba esta alternativa.

En condiciones malsanas desde donde se las mirase arribaron al lugar, niños, jóvenes, adultos y ancianos.

El trato ejercido hacia ellos fue abominable, pero debieron permanecer en silencio y aceptar las órdenes.

Descendieron de los vagones que los traían y se toparon con un gran portón en cuya parte superior se alzaba en majestuosas letras una esperanzadora e irónica frase que pocos se detuvieron a analizar.

Cruzando la reja dividieron a los niños y ancianos del resto.

El grupo más numeroso, el de los jóvenes y adultos, comenzó su estadía en aquel campo con un trabajo atroz para cualquier ser del universo. Mientras algunos de los niños eran automáticamente asesinados, otros eran previamente utilizados en investigaciones médicas. Los viejos esperaron un poco más por el mismo destino, y fueron también materia prima convertida luego en un producto manufacturado.

El único grupo sobreviviente fue sometido a la tortura, muchos veían a sus pares morir de hambre, de pestes, congelados, electrificados, y la muerte era uno mas entre ellos, sólo que con más a su favor. Fueron despojados de sus derechos, separados de sus afectos, y así destinados al trabajo esclavo de servir hasta que el corazón les dejara de latir.

Esto no fue Auschwitz en 1940, esto fue en 2010, miércoles 2 de junio por la mañana en cada granja, matadero y centro de tortura animal no humano de todo el mundo, como ocurre todos los días, mientras duermes placidamente en tu casa compartiendo los placeres de la raza superior.

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