Le temo a los adultos,
a los maduros,
a aquellos que basan su vida en un trabajo asalariado,
en el dinero, en sus posesiones, en la riqueza.
Le temo a los que le temen a la aventura,
a aquellos en donde la juventud no perdura,
a los que se apagan con el paso de los años,
que creen que todo es mejor si se ocultan los daños.
Deberían saber que allí, donde se caen paños,
donde mostramos los daños,
es donde se aprecia lo mejor de nuestra existencia,
la belleza de nuestra naturaleza
que a más golpes consigue más fortaleza.
Me atemoriza su ideal de belleza,
esa belleza superficial basada en riqueza.
Belleza basada en las apariencias,
no buscar nada en ellas, es mi ciencia.
Aquellos maduros
que no comprenden que es mas valioso un auténtico llanto
un sentimiento innato,
que un rostro fingiendo encanto.
Los veo a diario
y no los comprendo,
Deberían saber que la belleza esta en el alma,
en las ideas,
no son los ojos los que la aprecian,
sino que se percibe desde la esencia,
la realidad de la identidad de un ser,
eso que se niega a perecer.
Les temo a los que maduran,
les temo a los que prejuzgan,
a los que la juventud se les fuga.
A los que poco se emocionan
y se decepcionan,
si al hablar con lo cierto
les digo, mi futuro es incierto,
para ellos eso es estar muerto, incorrecto.
.Temor a los que deben ver y tocar
para dar por verdadero,
A los que se erizan o se les quita la sonrisa
cuando digo me junto con veganos punks y anarquistas.
Viejos amargados,
se secan con los años,
se caen a pedazos
tan simples y enroscados.
Asquerosos como el asado.











